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Gregorio de Laferrère 15 de Mayo al 4 de Junio- Arroyo Exposiciones Arroyo 834 - Buenos Aires, Argentina |
"LAFERRÉRE, la materia dominada. " Por Adrián Gualdoni Basualdo, marzo 2007. En esta, su segunda muestra individual, Gregorio de Laferrére da un sostenido paso adelante en su trayectoria pública como escultor. En su anterior exposición de mayo de 2005, en estas mismas salas de la galería Arroyo, correspondió a nuestro recordado Fermín Fevre el señalar su prioritaria dedicación a la figura, a la vez que destacaba el sentido de búsqueda que adquiría la diversidad de materiales con las que el artista creaba sus piezas. Hubo entonces tallas en madera, terracotas, resinas y bronces. A quienes de alguna manera participamos en aquella presentación nos resultó evidente la imagen de un creador que, afirmado y muy seguro en su mensaje plástico, buscaba en las
distintas respuestas que le entregan los materiales la más adecuada para que ese discurso que interpreta en volúmenes plenos y espacios vacíos alcance en el espectador esa categoría
mayor que llamamos “arte” y que hoy -es lamentable, pero también preciso señalar- se suele otorgar con harta e imprudente ligereza. Laferrére concibe sus obras en arcilla o en cera, y será luego el complejo proceso del fundido, en el que el artista ocupa el celoso rol del inclaudicable supervisor, el que nos entregue el producto final. Este proceso en el que interactúan, a la manera de autor e intérprete, el artista y el fundidor, guarda secretos iniciáticos con raíces en el fondo de los tiempos, donde el fuego impera, domeñando los metales, y a los que la tecnología contemporánea sólo ha podido agregar algunas mínimas facilidades operativas. Ha sido feliz, eso creemos, la inclinación de Laferrére por el bronce, recio y sutil a la vez, sólido y ligero a la hora de definir las formas y las oquedades propias de cada pieza. Lo vemos así en “El grito”, tal vez la pieza de mayor tamaño de las que componen esta muestra. Pero también se evidencia en las obras de menor dimensión, sobre todo en las figuras femeninas en las que una planimetría heredera del cubismo no alcanza a disimular la sensible sensualidad de su concepción original. La materia, así dominada, es el instrumento que se torna dócil para la expresión de un mensaje que el artista supo tomar de quienes lo precedieron en el ejercicio del arte, renovándolo a partir de su propia personalidad. Laferrére, es bien sabido, es arquitecto de profesión, y tuvo el privilegio de tener en su momento como maestros de dibujo a Carlos de la Cárcova y a Jorge Soto Acebal. A su turno, ocupó una cátedra de diseño en la misma facultad que lo formó profesionalmente. El taller del escultor Juan Maffi fue el ámbito donde aprendió los arcanos del oficio y donde hoy mismo empuña las herramientas con que las que crea sus criaturas. Algo tardíamente, y me hago cargo de esta apreciación que sólo pretende ser un positivo juicio de valor retrospectivo, resolvió darse a conocer como el artista que fue desde siempre. Claro que así sólo nos entrega el fruto de su madurez, el que ya está en sazón, y ha guardado para sí, y con pudor, los arduos pasos que seguramente ha ido dando en el largo camino de su vocación. Algo que hoy, tantos emergentes convocados por cantos de sirena, siempre falsos, siempre interesados, no suelen hacer. GREGORIO de LAFERRERE Nace en Buenos Aires en 1931. En 1957 se recibe de arquitecto en la Universidad de Buenos Aires y posteriormente ejerce como profesor de diseño en su Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Durante diez años realiza estudios de escultura en el taller del escultor Juan Maffi. En su actividad profesional actúa como colaborador y asociado en el estudio SEPRA en sus distintas etapas, interviniendo en el diseño de una gran variedad de obras. Muestras realizadas:
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